
Él salía de su casa apresurado, como cada mañana, la mochila aún por cerrar, las llaves ruidosas en el bolsillo izquierdo de su pantalón y en su mano derecha los apuntes de química redoblados de la noche anterior. Una voz de fondo- no olvides recoger- portazo! Llegaba tarde.Otra vez.
Ella andaba por el borde de la acera, pintado de amarillo, la mañana con neblina húmeda y pocos coches en funcionamiento. Iba comiendo una de esas galletitas saladas que su madre compraba, todos los días robaba cinco o seis y las metía en su bolsillo trasero. Le gustaba salir antes de la cuenta para pasear con calma, en días como esos, húmedos de hojas pisadas.

1 comentario:
pero hay signos, hay signos...? q transcendental te has vuelto :)
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