cuando se nos carean los ojos...
cuando se nos carean los ojos, nos llenamos de rabia y fuego,
se nos carean los cuerpos, nos empapamos.
miércoles, 31 de diciembre de 2008
domingo, 7 de diciembre de 2008
viernes, 28 de noviembre de 2008

Querido diario:
Son las diez de la noche de uno de los días más frío que recuerdo en Sevilla. Como me tocó de imprevisto, no pude más que esconder mi nariz entre la bufanda y meterme las manos en los bolsillos de la cazadora.
Llegué a la facultad temprano, estaba vacía. Fui a la cafetería que aún tenía las sillas sobre las mesas, pedí un té bien caliente, con agua, con azúcar.
Entre el atontamiento del vapor del té, casi cerrando los ojos…pude ver una figura difuminada a través de la ventana. Volvió a pasar minutos después.
Ella: una mujercita baja, pequeñuela, casi cómica cargada con tantos libros. Llevaba un gorro rojo y una trenza pequeñita se dejaba ver. Un abrigo de esos verde carruaje horroroso y unos pantalones marrones claros de pana. Y luego unas botas de piel. Sus libros: - visión del esperpento, pedro páramo, antología europea de poesía experimental. Yo no veía los títulos desde donde me encontraba, pero ya me los sabía de memoria. En unos minutos iba a encontrármela, en clase.
Recuerdo perfectamente qué tipo de clases quería tener a mi llegada a la facultad, tres años atrás. Puedo poner en pie cada sensación de inmensidad que me proporcionaba aquel edificio, las paredes revestidas de poemas, las puertas de madera y la gran vidriera central sobre mi cabeza que iluminaba mis pies con colores vivos. Mi mochila de cuero con una carpeta azul, por estrenar.
Recuerdo el mosaico de cabezas al entrar en clase veinte minutos tarde (porque me había perdido) y un profesor despeinado explicando lingüística, algo ininteligible para mi por aquel entonces (y por ahora?). Y por abreviar entra tantas reminiscencias, recuerdo las bibliotecas esparcidas por cada rincón de la facultad ( y un chico de barba pelirroja explicándonos cuál era su preferida) y el césped de Historia lleno de chicas nórdicas guapísimas y chicos de gafas leyendo, de lo más bohemio que podía imaginar.
* * *
Se pierde esencia y se gana experiencia…¿no es asi? Pero son las ocho de la mañana del día más frío de Sevilla, y he vuelto a pasearme por este lugar semivacío, con esa certeza prepotente que te da el ser estudiante de tercero, esa certeza digo, de saber que no te espera nada nuevo, excepto lo que tú quieras indagar por tu cuenta y excepto un par de miradas entre todas las demás somnolientas y excepto, como no, ella.
Ella o personas como ella. No más de tres. No hay más de tres…ella es el único recuerdo actual que me transporta a mis esencias de primero…el recuerdo de volver a encontrarte con lo que amas y te enamora…y a mi…a mi me salva.
Querido diario, son las doce de la madrugada, de la noche más fría que me ofrece Sevilla. Escucho Lucha de Gigantes de Antonio Vega, y no me canso.
Gracias a mis profesores de Introducción a textos, de Bases y Análisis y sobre todo, de relato.
Son las diez de la noche de uno de los días más frío que recuerdo en Sevilla. Como me tocó de imprevisto, no pude más que esconder mi nariz entre la bufanda y meterme las manos en los bolsillos de la cazadora.
Llegué a la facultad temprano, estaba vacía. Fui a la cafetería que aún tenía las sillas sobre las mesas, pedí un té bien caliente, con agua, con azúcar.
Entre el atontamiento del vapor del té, casi cerrando los ojos…pude ver una figura difuminada a través de la ventana. Volvió a pasar minutos después.
Ella: una mujercita baja, pequeñuela, casi cómica cargada con tantos libros. Llevaba un gorro rojo y una trenza pequeñita se dejaba ver. Un abrigo de esos verde carruaje horroroso y unos pantalones marrones claros de pana. Y luego unas botas de piel. Sus libros: - visión del esperpento, pedro páramo, antología europea de poesía experimental. Yo no veía los títulos desde donde me encontraba, pero ya me los sabía de memoria. En unos minutos iba a encontrármela, en clase.
Recuerdo perfectamente qué tipo de clases quería tener a mi llegada a la facultad, tres años atrás. Puedo poner en pie cada sensación de inmensidad que me proporcionaba aquel edificio, las paredes revestidas de poemas, las puertas de madera y la gran vidriera central sobre mi cabeza que iluminaba mis pies con colores vivos. Mi mochila de cuero con una carpeta azul, por estrenar.
Recuerdo el mosaico de cabezas al entrar en clase veinte minutos tarde (porque me había perdido) y un profesor despeinado explicando lingüística, algo ininteligible para mi por aquel entonces (y por ahora?). Y por abreviar entra tantas reminiscencias, recuerdo las bibliotecas esparcidas por cada rincón de la facultad ( y un chico de barba pelirroja explicándonos cuál era su preferida) y el césped de Historia lleno de chicas nórdicas guapísimas y chicos de gafas leyendo, de lo más bohemio que podía imaginar.
* * *
Se pierde esencia y se gana experiencia…¿no es asi? Pero son las ocho de la mañana del día más frío de Sevilla, y he vuelto a pasearme por este lugar semivacío, con esa certeza prepotente que te da el ser estudiante de tercero, esa certeza digo, de saber que no te espera nada nuevo, excepto lo que tú quieras indagar por tu cuenta y excepto un par de miradas entre todas las demás somnolientas y excepto, como no, ella.
Ella o personas como ella. No más de tres. No hay más de tres…ella es el único recuerdo actual que me transporta a mis esencias de primero…el recuerdo de volver a encontrarte con lo que amas y te enamora…y a mi…a mi me salva.
Querido diario, son las doce de la madrugada, de la noche más fría que me ofrece Sevilla. Escucho Lucha de Gigantes de Antonio Vega, y no me canso.
Gracias a mis profesores de Introducción a textos, de Bases y Análisis y sobre todo, de relato.
PD: re-descubriendo mi universidad en otras facetas para mi desconocidas...se acabó la prepotencia...(no a BOLONIA!)
martes, 25 de noviembre de 2008
no huyo
Mi sangre me golpetea
resucitándome erguida.
Temía vivir sin sueños,
y es mi sangre la que grita:
no vas a retroceder,
mantén tu antorcha encendida;
que sí, que sí, que ya vas
desbordadamente viva.
Carmen Conde
- Sabes esa sensación de medir el tiempo a pulso, a parpadeos, a sorbos lentos de saliva que recorren tu garganta?...
Era la última vez que cruzaba la línea. Una línea invisible que juro que no estaba la primera vez que entré a caballito en la espalda de mi chico.
Ahora era el camino inverso, no llevaba maletas ni fotografías, ni libros...porque yo no estaba huyendo. Estaba empezando.
Y ahi estaba ella...una puerta muy pequeña, parecida a una de esas por las que se colaba Alicia en el pais de las maravillas...de esas por las que ya no cabes cuando te haces mayor.La puerta minúscula dentro de un palacio en el reino de las nieves, y una línea...una línea que juro que no había visto al entrar.
Puedo cronometrar el tiempo que tardo en desnudarle, parpadeo...un botón...parpapedo, cinturón...parpadeo...cremallera...puedo notar sus dedos tibios por mi cuerpo palpitante...su calor y su olor y su color...
Puedo cronometrar el tiempo que tarda en matarme, pulso...pellizcos...pulso...patadas...pulso...miro hacía arriba intentando mostrarle mi mirada más tierna con el proposito de que vuelva a recordar por qué se enamoró de mí...mientras mis mejillas hornean a cien grados, unas cuantas lágrimas se dejan ir...mi chico ya no se acuerda por qué se enamoró de mí...
"tú, eres la reina de las aves"...decía mi chico hace un par de segundos... Estaba al otro lado de la línea...con mis libros y fotografías...
"yo no huyo mi amor, comienzo".
resucitándome erguida.
Temía vivir sin sueños,
y es mi sangre la que grita:
no vas a retroceder,
mantén tu antorcha encendida;
que sí, que sí, que ya vas
desbordadamente viva.
Carmen Conde
- Sabes esa sensación de medir el tiempo a pulso, a parpadeos, a sorbos lentos de saliva que recorren tu garganta?...
Era la última vez que cruzaba la línea. Una línea invisible que juro que no estaba la primera vez que entré a caballito en la espalda de mi chico.
Ahora era el camino inverso, no llevaba maletas ni fotografías, ni libros...porque yo no estaba huyendo. Estaba empezando.
Y ahi estaba ella...una puerta muy pequeña, parecida a una de esas por las que se colaba Alicia en el pais de las maravillas...de esas por las que ya no cabes cuando te haces mayor.La puerta minúscula dentro de un palacio en el reino de las nieves, y una línea...una línea que juro que no había visto al entrar.
Puedo cronometrar el tiempo que tardo en desnudarle, parpadeo...un botón...parpapedo, cinturón...parpadeo...cremallera...puedo notar sus dedos tibios por mi cuerpo palpitante...su calor y su olor y su color...
Puedo cronometrar el tiempo que tarda en matarme, pulso...pellizcos...pulso...patadas...pulso...miro hacía arriba intentando mostrarle mi mirada más tierna con el proposito de que vuelva a recordar por qué se enamoró de mí...mientras mis mejillas hornean a cien grados, unas cuantas lágrimas se dejan ir...mi chico ya no se acuerda por qué se enamoró de mí...
"tú, eres la reina de las aves"...decía mi chico hace un par de segundos... Estaba al otro lado de la línea...con mis libros y fotografías...
"yo no huyo mi amor, comienzo".
miércoles, 19 de noviembre de 2008
zapatos
Yo antes no llevaba zapatos. Ahora llevo zapatos casi a todas horas, llevo zapatos para ir al cole, llevo zapatos cuando voy al mercado con mamá…hasta llevo zapatos para salir a bailar. Tengo zapatos de muchos colores, menos unos negros que me pongo para ir a comer a casa de la viejita los domingos, a mi esos no me gustan, pero mamá venga, que me los ponga…pero sin que se de cuenta, yo le doy patadas a las piedras para que los morritos de los zapatos negros se pongan marrones, y así parecen que tengan pecas, y mamá me dice que recién los acababa de abrillantar, y a mi me parecen que tengan pecas, como yo. Tengo unos zapatos amarillos de goma y se doblan pero nunca se rompen y no tienen cordones y cuando llueve, las gotas le resbalan pero mis pies ahí siguen secos, y puedo saltar en los charcos . Mamá dice que sólo son de invierno pero no me los deja llevar los domingos cuando comemos con la viejita, aunque ese domingo llueva, y entonces ya no salto los charcos, voy de puntillas, casi ni piso los cuadraditos de la acera. Mis zapatos preferidos son los de verano, porque dejan ver los dedos de los pies, y me pinto las uñas de azul cuando papá me lleva de la mano al parque. Son bonitos mis zapatos de verano, sin cordones pesados, pero con agujeritos para que no queden sueltos…el viejito me hace siempre un agujero más para que no se me caigan mientras corro…porque en verano, yo siempre corro cuando X viene y me llama para jugar a la pelota. Sí que son bien bonitos mis zapatos, y mami me compra cada año, y los reyes magos los llenan de caramelos que es lo más divertido de los zapatos, y digo yo que por eso deben ser muy importantes los zapatos. Yo un día le pregunté a papá para que servían los zapatos: Te llevan donde quieres ir.
Ah, pero yo sé que eso no lo hacen los zapatos, lo hacen los pies. Y sé que son los pies, porque cuando corro mucho rato por la playa, mamá me dice que me quite los zapatos y dizque me los quite y así podré jugar más rápido. Y ahí no me riñe, aunque llueva o haga frío…cuando llego a la playa, mamá me guiña un ojo y ya se entonces que puedo quitarme los zapatos…en el agua los zapatos no valen para nada, ni siquiera los de verano. En el agua se me olvida que los zapatos son importantes.
La noche que se llevaron a papá, nadie en casa tenía puesto zapatos, claro, es que estábamos con los calcetines para dormir…pero esos hombres de zapatos brillantes no le dejaron a papá ponerse sus zapatos, yo me fijé bien…salieron muy corriendo yo pienso que ya llegaban tarde.,porque era muy muy de noche…
Mamá se quedó llorando en la escalera…es que ella no sabía donde iba papá…pero yo le guiñé un ojo: van a la playa, mamá.
líneas sueltas de hace un tiempo...justo después de leer primavera con una esquina rota...ya entiendes la razón...
Ah, pero yo sé que eso no lo hacen los zapatos, lo hacen los pies. Y sé que son los pies, porque cuando corro mucho rato por la playa, mamá me dice que me quite los zapatos y dizque me los quite y así podré jugar más rápido. Y ahí no me riñe, aunque llueva o haga frío…cuando llego a la playa, mamá me guiña un ojo y ya se entonces que puedo quitarme los zapatos…en el agua los zapatos no valen para nada, ni siquiera los de verano. En el agua se me olvida que los zapatos son importantes.
La noche que se llevaron a papá, nadie en casa tenía puesto zapatos, claro, es que estábamos con los calcetines para dormir…pero esos hombres de zapatos brillantes no le dejaron a papá ponerse sus zapatos, yo me fijé bien…salieron muy corriendo yo pienso que ya llegaban tarde.,porque era muy muy de noche…
Mamá se quedó llorando en la escalera…es que ella no sabía donde iba papá…pero yo le guiñé un ojo: van a la playa, mamá.
líneas sueltas de hace un tiempo...justo después de leer primavera con una esquina rota...ya entiendes la razón...
martes, 18 de noviembre de 2008
La adrenalina es una droga. Eso dicen. La produce tu cuerpo, un subidón, un colocón de primera. Tu corazón bombea a mil por hora, o eso me han contado, y tus sentidos se extienden por todos los rincones de tu piel, hasta llegar a los límites geográficos de tus pies, dedos, orejas, manos…El espacio cambia, se transforma. El tiempo se para mientras tú notas cómo pasa veloz ante ti. Orgasmos, orgasmos sucesivos, contraposición.
Cómo encontrar esa sensación sin que mi cuerpo esté en pre- aviso para ello…cómo alejarme de mi misma para desconocerme y volver a sorprenderme…
Es eso lo que deseo más que nada, una entrada tóxica y letal que ponga todo del revés.
Cómo encontrar esa sensación sin que mi cuerpo esté en pre- aviso para ello…cómo alejarme de mi misma para desconocerme y volver a sorprenderme…
Es eso lo que deseo más que nada, una entrada tóxica y letal que ponga todo del revés.
miércoles, 12 de noviembre de 2008
verde-naranja: Irlanda

Ya he llegado. Justo aquí, sentada en la hierba, inclinada al ritmo de la pendiente, acabo de llegar.
No podía ser de otra forma, el viento nórdico me enfría la nariz y sonroja mis cachetes, desliza unas cuantas lágrimas. Y no es que esté triste, me muero de risa por dentro...pero por fuera permanezco callada, callada pero no triste, bohemia pero al estilo norteño...casi oscurece.
Apoyo fuerte mis manos en la tierra, ahora mis dedos se calman y se suavizan entre el pasto verde, estiro las piernas y contoneo mis hombros. Cierro los ojos...
Acabo de llegar, querida amiga, al lugar donde juré que iba a encontrarme...pero en este justo momento, mientras me pierdo cada vez más...sólo te encuentro a ti, cuando me das la mano, cuando me sujetas el pelo, cuando dejas de ser recuerdo...
así que esto era todo, el lugar donde te vuelves tangible, el lugar a donde escapaste mientras todos te siguen buscando a oscuras...yo consigo encontrarte tan real, aún más real, que antes.
así que no era mentira, juntas mirando más allá de la colina verde-naranja...no puedo aguantarme esta risa, de modo que no era una de tus bromas...tú y yo, tin tin, un piano...
si se me olvida dónde buscarte...llévame al color más verde que conozcas, llévame al olor más puro que conozcas, llévame al sonido más jodidamente libre...llévame, siempre contigo, a ese sitio que siempre describes y que siento como mío...Irlanda. Te quiero.
http://es.youtube.com/watch?v=0gbQ60K3UBc&feature=related
lunes, 10 de noviembre de 2008
NO A BOLONIA

como Valle dijo, en épocas de crisis y turbulencias, es inmoral jugar a hacer formas...así que hagamos formas que signifiquen, no queremos pretensión de cambios, sólo cambios, y ya está.
La realidad se impone a pisotones, pero con esto no se juega, esto no es sólo formas. Nuestra conquista ha sido la educación libre, pública, y ahora...nos joden, nos joden...pues NO.
MANIFESTACIÓN 13 NOVIEMBRE. STOP BOLONIA.
sábado, 1 de noviembre de 2008
Capítulo 7.CRTZR
Toco tu boca, con un dedo toco el borde de tu boca, voy dibujándola como si saliera de mi mano, como si por primera vez tu boca se entreabriera, y me basta cerrar los ojos para deshacerlo todo y recomenzar, hago nacer cada vez la boca que deseo, la boca que mi mano elige y te dibuja en la cara, una boca elegida entre todas, con soberana libertad elegida por mí para dibujarla con mi mano por tu cara, y que por un azar que no busco comprender coincide exactamente con tu boca que sonríe por debajo de la que mi mano te dibuja.
Me miras, de cerca me miras, cada vez más de cerca y entonces jugamos al cíclope, nos miramos cada vez más de cerca y nuestros ojos se agrandan, se acercan entre sí, se superponen y los cíclopes se miran, respirando confundidos, las bocas se encuentran y luchan tibiamente, mordiéndose con los labios, apoyando apenas la lengua en los dientes, jugando en sus recintos donde un aire pesado va y viene con un perfume viejo y un silencio. Entonces mis manos buscan hundirse en tu pelo, acariciar lentamente la profundidad de tu pelo mientras nos besamos como si tuviéramos la boca llena de flores o de peces, de movimientos vivos, de fragancia oscura. Y si nos mordemos el dolor es dulce, y si nos ahogamos en un breve y terrible absorber simultáneo del aliento, esa instantánea muerte es bella. Y hay una sola saliva y un solo sabor a fruta madura, y yo te siento temblar contra mí como una luna en el agua.
Me miras, de cerca me miras, cada vez más de cerca y entonces jugamos al cíclope, nos miramos cada vez más de cerca y nuestros ojos se agrandan, se acercan entre sí, se superponen y los cíclopes se miran, respirando confundidos, las bocas se encuentran y luchan tibiamente, mordiéndose con los labios, apoyando apenas la lengua en los dientes, jugando en sus recintos donde un aire pesado va y viene con un perfume viejo y un silencio. Entonces mis manos buscan hundirse en tu pelo, acariciar lentamente la profundidad de tu pelo mientras nos besamos como si tuviéramos la boca llena de flores o de peces, de movimientos vivos, de fragancia oscura. Y si nos mordemos el dolor es dulce, y si nos ahogamos en un breve y terrible absorber simultáneo del aliento, esa instantánea muerte es bella. Y hay una sola saliva y un solo sabor a fruta madura, y yo te siento temblar contra mí como una luna en el agua.
experimentos (toma primera)

Él salía de su casa apresurado, como cada mañana, la mochila aún por cerrar, las llaves ruidosas en el bolsillo izquierdo de su pantalón y en su mano derecha los apuntes de química redoblados de la noche anterior. Una voz de fondo- no olvides recoger- portazo! Llegaba tarde.Otra vez.
Ella andaba por el borde de la acera, pintado de amarillo, la mañana con neblina húmeda y pocos coches en funcionamiento. Iba comiendo una de esas galletitas saladas que su madre compraba, todos los días robaba cinco o seis y las metía en su bolsillo trasero. Le gustaba salir antes de la cuenta para pasear con calma, en días como esos, húmedos de hojas pisadas.
salúdale de mi parte...
Es un secreto de los mejores. Son las cuatro de la madrugada, de una noche pre- estudio pre-examen…pre-ludio de algo que no adivino, no adivinas. Que me hace falta, eso ya lo sabes, y lo sabías la última vez. Que me hacía falta. Si te lo digo es porque ya aprendiste a desnudarte.
Es cierto. Yo me fui. Y tú nunca viniste a rescatarme. No podía pedírtelo en aquel momento, ahora no me acuerdo de las palabras mágicas. Me vuelvo bohemia cuando nadie mira, tarareo cancioncillas y te recompongo a golpes de pupila. Tú no me pediste que me quedara. Yo asumí el lado triste de la historia para tener poemas que escribir.
me dejé ir. Pero tú! Tú te dejaste decir todo lo demás.
Es cierto. Yo me fui. Y tú nunca viniste a rescatarme. No podía pedírtelo en aquel momento, ahora no me acuerdo de las palabras mágicas. Me vuelvo bohemia cuando nadie mira, tarareo cancioncillas y te recompongo a golpes de pupila. Tú no me pediste que me quedara. Yo asumí el lado triste de la historia para tener poemas que escribir.
me dejé ir. Pero tú! Tú te dejaste decir todo lo demás.
Hace ya un rato que te he vuelto a ver. Te miro impasiva- me miras indeciso, frunces el ceño ligeramente como si te sonase de algo. No, que va, nada más que un reflejo involuntario.
Pero es cierto, y lo sabes aunque sólo funcionen mis recuerdos: Me fui para que no me olvidases.
Me olvidaste para que nunca me fuera.
Pero es cierto, y lo sabes aunque sólo funcionen mis recuerdos: Me fui para que no me olvidases.
Me olvidaste para que nunca me fuera.
miércoles, 29 de octubre de 2008
para empezar...
timidez absoluta, curiosidad poderosa. anonimato.
Lunes o martes[Cuento. Texto completo]
Virginia Woolf
Perezosa e indiferente, sacudiendo con facilidad el espacio de sus alas, conocedora de su camino, pasa la garza sobre la iglesia, bajo el cielo. Blanco e indiferente, ensimismado, el cielo cubre y descubre sin cesar, se va y se queda. ¿Un lago? ¡Quítale las orillas! ¿Una montaña? Sí, perfecto, con el oro del sol en las laderas. Cae desde lo alto. Helechos o plumas blancas, siempre, siempre...
Deseando la verdad, esperándola, destilando laboriosamente unas pocas palabras, deseando siempre (se inicia un grito a la izquierda, otro a la derecha; ruedas golpean divergentes; omnibuses se conglomeran en conflicto), deseando siempre (el reloj asevera con doce claras campanadas que es mediodía; la luz vierte escamas de oro; niños se arremolinan), deseando siempre verdad. Roja es la cúpula; de los árboles cuelgan monedas; el humo sale lento de las chimeneas; ladrido, alarido, grito. «Compro metal»... ¿Y la verdad?
Como rayos orientados hacia un punto, pies de hombres, pies de mujeres, negros o con incrustaciones doradas (Esa niebla... ¿Azúcar? No, gracias... La commonwealth del futuro), la luz del fuego salta y deja roja la estancia, salvo las negras figuras y sus ojos brillantes, mientras descargan una camioneta fuera, la señorita Thingummy sorbe té en su mesa escritorio, y las vitrinas protegen abrigos de pieles.
Cacareada, leve cual hoja, rizada en los bordes, pasada por las ruedas, plateada, en casa o fuera de casa, reunida, esparcida, derrochada en diferentes platillos de la balanza, barrida, sumergida, desgarrada, hundida, ensamblada... ¿Y la verdad?
Recordar ahora junto al fuego del hogar la blanca plaza de mármol. De las profundidades de marfil se alzan palabras que vierten su negrura, florecen y penetran. El libro caído; en la llama, en el humo, en las perecederas chispas; o ya viajando, la bandera en la plaza de mármol, minaretes debajo y mares de la India, mientras los espacios azules corren y las estrellas brillan... ¿la verdad?, o bien, ¿satisfacción con su proximidad?
Perezosa e indiferente la garza regresa; el cielo cubre con un velo sus estrellas; las borra luego.
FIN
Genial.
entre entradas y entradas, tal vez me atreva a colgar algo mío, lo que pasa es que la comparación será, más que odiosa, inexistente...en fin.
Lunes o martes[Cuento. Texto completo]
Virginia Woolf
Perezosa e indiferente, sacudiendo con facilidad el espacio de sus alas, conocedora de su camino, pasa la garza sobre la iglesia, bajo el cielo. Blanco e indiferente, ensimismado, el cielo cubre y descubre sin cesar, se va y se queda. ¿Un lago? ¡Quítale las orillas! ¿Una montaña? Sí, perfecto, con el oro del sol en las laderas. Cae desde lo alto. Helechos o plumas blancas, siempre, siempre...
Deseando la verdad, esperándola, destilando laboriosamente unas pocas palabras, deseando siempre (se inicia un grito a la izquierda, otro a la derecha; ruedas golpean divergentes; omnibuses se conglomeran en conflicto), deseando siempre (el reloj asevera con doce claras campanadas que es mediodía; la luz vierte escamas de oro; niños se arremolinan), deseando siempre verdad. Roja es la cúpula; de los árboles cuelgan monedas; el humo sale lento de las chimeneas; ladrido, alarido, grito. «Compro metal»... ¿Y la verdad?
Como rayos orientados hacia un punto, pies de hombres, pies de mujeres, negros o con incrustaciones doradas (Esa niebla... ¿Azúcar? No, gracias... La commonwealth del futuro), la luz del fuego salta y deja roja la estancia, salvo las negras figuras y sus ojos brillantes, mientras descargan una camioneta fuera, la señorita Thingummy sorbe té en su mesa escritorio, y las vitrinas protegen abrigos de pieles.
Cacareada, leve cual hoja, rizada en los bordes, pasada por las ruedas, plateada, en casa o fuera de casa, reunida, esparcida, derrochada en diferentes platillos de la balanza, barrida, sumergida, desgarrada, hundida, ensamblada... ¿Y la verdad?
Recordar ahora junto al fuego del hogar la blanca plaza de mármol. De las profundidades de marfil se alzan palabras que vierten su negrura, florecen y penetran. El libro caído; en la llama, en el humo, en las perecederas chispas; o ya viajando, la bandera en la plaza de mármol, minaretes debajo y mares de la India, mientras los espacios azules corren y las estrellas brillan... ¿la verdad?, o bien, ¿satisfacción con su proximidad?
Perezosa e indiferente la garza regresa; el cielo cubre con un velo sus estrellas; las borra luego.
FIN
Genial.
entre entradas y entradas, tal vez me atreva a colgar algo mío, lo que pasa es que la comparación será, más que odiosa, inexistente...en fin.
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