
Dublín. Volver a escribir sin empezar así sería un robo barato a mi subconsciente. Ahora Dublín es más que un nombre escrito en un papel, ha cobrado forma y olor, está mojado y es gris, es frío y tiene pecas, es elitista y es campechano en sus calles, es musical y anaranjado en los bares. Es lo opuesto.
Lo opuesto...a tí, por supuesto, a tí que te quedas detrás de un teléfono, al otro lado de una pantalla, entre las hojas de cuaderno, entre ceja y ceja. Cómo se transporta el calor humano? no debe de pesar mucho, no hay que facturarlo, supongo.
Lo opuesto al sol, a la luz, al color de la gente en las terrazas, al césped de la facultad, a mis amigas cotorreando, a mis libros en casa, a mi perro y mi gato, a hablar sin traducir, al sudor de los cuerpos, a no salir de mi cuarto, hablando en la cama horas, al vinito weeeno los jueves por la noche, al braserito y el plato de la cena para cuando llegues tarde, Marta.
No es nuevo saber que lo nuevo necesita ganas, necesita confianza, necesita mimos y una sonrisa, pero me voy sin ganas, sin confianza y con falta de mimos. La sonrisa espera calmada para dejarse descubrir en cualquier momento.
Me he escrito "se valiente" en el brazo. Lo miro cuando me entra el pánico y ya me siento un poco mejor.
Pese a todo, pocas veces he llegado a intuir que algo extraordinario está por llegar, que después de ese algo habré dejado de ser la misma para transformarme en algo más, que desconozco...me pasó a mi llegada a sevilla y noto desde la punta de mis pies, que está volviendo a pasar.
En abril volveré, cuando la ciudad vuelva a oler a azahar, volveré al sol, al color, a tí, si me dejas.

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